Entradas

Las torpezas de la adultez

Imagen
Jorge Alberto Estefanía, novel escritor, tuvo la gentileza de pedirme que presentara su libro "Cuentos de Dionisia". - - Su lectura fue para mí una revelación. Una ópera prima mas que interesante si se tiene en cuenta la juventud del escritor y la carencia de libro escrito sobre las historias de Dionisia -hoy Ciudad Comandante Nicanor Otamendi- que durante años han pasado de boca en boca, pero que nunca trascendieron los límites locales y hoy ya tienen una oportunidad de trascender. Historias parte realidad parte fantasía, si es que esos conceptos se corresponden con alguna visión particular de los hechos de la vida, pero adjudicadas a personas que viven o vivieron en Dionisia. Por ello el escritor con prudencia los ha llamado "cuentos ". Palabra que puede significar tanto, la narración indiscreta de un suceso, como un relato producto de la imaginación. El fragmento que sigue corresponde se corresponde con uno de esos "cuentos" La fantasm...

Muchachas

Imagen
Muchachas que algún día leáis emocionadas estos versos y soñéis con un poeta: sabed que yo los hice para una como vosotras y que fue en vano. Ernesto Cardenal P oeta nicaragüense. Se ordenó sacerdote (1965) y creó en su país la abadía de Solentiname-. Combatió contra la dictadura del general Anastasio Somoza, siendo nombrado en 1979 ministro de Cultura por el régimen sandinista. 

La importancia de los recuerdos escolares.

(...) Así de ese tercer año, del cuarto y parte del quinto, que no terminé, permanece en mi memoria, por lo que hace al último, una ventana muy grande en un aula de un segundo piso, y en esta aula,iluminada por el sol matinal, la figura de ese maestro moviéndose sin cesa de su mesa al pizarrón y viceversa. Quizás debido a esos pequeños vuelo y a su rostro afilado de pájaro había recibido de los alumnos el mote inocente de "Palomo". Lo recuerdo poniéndome a leer en voz alta pequeños trozos de un libro poco común entre los de su clase, titulado Lecturas para colegios que había sido preparado por el educador costarricense Moisés Vicenzi. Cualesquiera que hayan sido mis problemas con la enseñanza en la escuela, me da gusta declarar con énfasis que dificilmente ha podido existir en primaria alguna un libro de lecturas mejor que ése. Sé también con seguridad que a mí me abrió otro de los caminos por los que sin saberlo continuaba internándome en la literatura. Entre lo que mas me i...

PASQUALINO MARAJA' - Live in Phoenix (Arizona)

Imagen

Conservar los testimonios del pasado nos ayuda a comprender y vivir nuestro presente

https://www.change.org/p/por-favor-firmar-esta-petici%C3%B3n-contra-la-demolici%C3%B3n-de-la-casa-de-becquer?recruiter=72656455&utm_source=share_petition&utm_medium=copylink

BALADA DEL BOLUDO

Balada del boludo (¿1960?) Por mirar el otoño perdía el tren del verano, usaba el corazón en la corbata, se subía a una nube, cuando todos bajaban. Su madre le decía: no mires las estrellas para abajo, no mires la lluvia desde arriba, no camines las calles con la cara que ensucias la camisa; no lleves tu corazón bajo la lluvia, que se moja; no des la espalda al llanto; no vayas vestido de ventana; no compres ningún tílburi en desuso. Mirá tu primo, el recto, que duerme por las noches. Mirá tu tío, el justo, que almuerza y se sonríe. Mirá tu primo, el probo, puso un banco en el cielo. Tu cuñado, el astuto, que ahora alquila la lluvia. Tu otro primo, el sagaz, que es gerente en la luna. Tienes razón, mamá, dijo el boludo. Y se bebió una rosa. No seré más boludo. Y se bajó del viento. Seré astuto y zahorí. Y dio vuelta una estrella para abajo. Y se metió en el subte. Y quedaron las gaviotas en el río. Entonces vinieron los parientes ricos y le dijeron: -Eres pobre, pero ...

Yo soy Malala

Imagen
Fragmente del prólogo del libro; Yo soy Malala  Escrito por Malala Yousafzai con Christina Lamb, 2013 Traducción: Julia Fernández (…)El día en que todo cambió fue el martes 9 de octubre de 2012. Tampoco era un momento especialmente bueno, porque estábamos en plena época de exámenes, aunque como soy estudiosa no me preocupaban tanto como a algunas de mis compañeras. Aquella mañana llegamos al estrecho camino de barro que se bifurca de la carretera Haji Baba en nuestra habitual procesión de rickshaws de colores brillantes echando humaredas de diésel. En cada uno íbamos cinco o seis niñas. Desde la llegada de los talibanes no había ningún signo que identificara la escuela, y la puerta de hierro ornamentada en un muro blanco al otro lado de la leñera no da ningún indicio de lo que hay detrás. Para nosotras aquella puerta era como una entrada mágica a nuestro mundo particular. En cuanto penetrábamos en él nos librábamos de los pañuelos como el viento que despeja las nubes pa...