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Mostrando las entradas etiquetadas como Mujer

La guerra no tiene rostro de mujer

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"  Regresaba a mi casa con cuatro cintas (las conversaciones de dos días) que contenían otra guerra, mis sentimientos eran diversos: el asombro y el miedo, la perplejidad y la admiración. La curiosidad y el desconcierto, la ternura. De vuelta en casa, les expliqué algunos episodios a mis amigos. Para mi sorpresa, la reacción de todos ellos fue la misma: «Demasiado horror, ¿cómo lo superó? ¿No se volvió loca?». O bien: «Estamos acostumbrados a leer sobre otra guerra, la que tiene unos límites exactos: ellos-nosotros, bien-mal. ¿Qué ha pasado aquí?». Pero a todos los vi con los ojos llenos de lágrimas y a todos ellos este relato les hizo reflexionar. Probablemente sobre lo mismo que a mí. La humanidad ha vivido miles de guerras (hace poco leí que en total se habían contabilizado más de tres mil, entre grandes y pequeñas), sin embargo, la guerra sigue siendo un gran misterio. Nada ha cambiado. Para descifrar el misterio intento reducir la Gran Historia hasta darle una dimensión de ...

Marzo mes de la Mujer- "Mujeres de novela"

El escritor Enrique Gamarra, en su libro "La punta del bastón" define así el carácter y algunas de las características físicas de su madre: "En setiembre de ese mismo año se casó mi padre, no con su novia eterna, es claro, sino con la hija de su amigo rural (...) Es ciertamente increíble la transformación que una jovencita puede experimentar en un par de años: de aquella niña un tanto hosca que jugaba a solas en el patio no quedaba sinoel fulgor maligno de unos ojos que dolían con solo mirarlos, mezcla de mansedumbre y encono, la cuadratura de las mandíbulas se había acentuado y unas soberbias extremidades inferiores le daban un aire de trabajo acabado, de basta ya,como si la mano que la modeló le hubiera dado una palmadita de aprobación en los glúteos antes de echarla a andar por el mundo, así que cuando mi padre visitó de nuevo la casa, ella se plantó frente a él, puso los brazos en jarra con un gesto de irreverte sorna sonriendo apenas, balanceando levemente el cuer...

La diferencia

“Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Sinceramente tuyo. Joan Manuel Serrat. Algunas personas tenemos una cierta fascinación por canciones que se podrían catalogar como “canciones de ardidos”: canciones en las que se enaltece el sufrimiento que produce el desamor de una mujer. Creo que hay de dos sopas: o estás enamorado de una mujer que no tiene ni la más remota intención de estar contigo, o, la novia o esposa o amante que tuviste, te abandonó. No importa por qué o por quién, simplemente te dejó. No sé que tienen éstas canciones, porque no necesitas encontrarte en una de estas sufridoras situaciones para que te den ganas de entonar, a veces a todo pulmón, la letra de la canción en cuestión. Quién, por más felizmente casado que se pueda encontrar, puede resistirse a entonar, incluso cerrando los ojos: “me cansé de decirle, que yo sin ella, de pena muero…”, o: “hoy quiero saborear mi dolor, no pido compasión ni piedad, la historia de este amor se escribió, para la ete...

Un relato de Gavrí Akhenazi

La señora Nmunguê Había leído acerca de la señora Nmunguê en los escritos del Comandante e inmediatamente había sentido una necesidad alterada por conocerla en persona y no a través de aquellas percepciones con las que en la letra se moldeaba el retrato. Todas las tardes pensaba en “la mujer de caderas robustas como mesas con pan”, que albergaba en su casa a niños soldado rescatados, porque así ella había perdido a sus hijos propios: como niños soldado muertos. Ahora, todos los niños soldado que manos diversas quitaban al infierno, eran sus hijos “y esta ancha matriarca poderosa que sonríe como ese hada madrina que precisa todo cuento triste, está aquí para devolver vida a tanto corazón de pájaro aturdido”. A Paloma las descripciones del Comandante sobre el entorno en que se movían le parecían un mapa.  Ella, entonces, las usaba como brújula para no perderse y saber qué decir a cada uno como si fueran una guía práctica de ese alrededor caluroso y ceñi...