Maestro de la ironía y el engaño?
Cuando llegué a Scala Coeli, hermoso pueblo de Calabria, en misión periodística, todos los caminos de la información conducían a Guido, una especie de leyenda viviente, cuya fama había trascendido las fronteras del pueblo. Todos aquellos a quienes consulté sobre el tema motivo de mi viaje, y que hoy ya no recuerdo, estaban seguros de que a pesar de su juventud, él era la única persona que podía ayudarme. Aunque la mayoría insistía en que era más que difícil encontrarlo y casi imposible hablar con él; que era hombre rudo, solitario y de pocas palabras; que no le gustaban los extranjeros, como a la mayoría de la gente del pueblo, pero que casi ninguno admitía. Todo esto solo servía para alimentar mi fantasía y aumentar mis deseos de conocerlo. En principio, recorrí los lugares comunes de un pueblo, donde se supone que es posible encontrar a un hombre. No tuve éxito alguno, por otra parte absolutamente nadie quería darme información precisa s...