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Lo que soy, dicho en pocas palabras

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E n realidad como escritora no soy otra cosa que una gran mentirosa . - Como escritora no soy otra cosa que una gran mentirosa Esmerada en el arte del engaño, con los mecanismos ya simples, ya complicados del uso de la palabra ,  puedo lograr en ocasiones que algún lector me entregue el diploma de «cuentacuentos», por un relato que se le hizo creíble. Me sorprendo con ese regalo y amo al lector que fue capaz de interpretarme y aunque estoy consciente de que he escrito para mi, siguiendo un impulso irresistible debo reconocer que me siento bien sabiendo que tengo un lector ideal. Aquel que es activo, creativo, que reconstruye una y mil veces el texto, lo reinventa, lo personaliza, se apropia de él y se lleva para siempre un trozo de mi alma. Mis  personajes también me utilizan. En la mayoría de los casos toman de mi aquello que les gusta según las circunstancias. Algunas veces me roban  el color de los ojos o del cabello, mis gustos est...

Elogio de la duda.-Bertolt Brecht

¡Alabada sea la duda! Os lo aconsejo: Saludadme con afable respeto A quien pondere vuestra palabra como a falsa moneda. Que yo os querría avisados, y que no dierais Vuestra palabra por descontada. Leed la historia, y ved Los invulnerables ejércitos en descompuesta fuga. Por doquiera Se desploman indestructibles fortalezas, y De aquella Armada Invencible que partió Con un sinnúmero de naves, Contadas regresaron. Hete aquí que un día coronó un hombre Una cima inaccesible Y un barco alcanzó el confín Del mar infinito. ¡Hermoso gesto, sacudir la cabeza Ante la indiscutible verdad! ¡Qué valiente, el médico Que cura al enfermo desahuciado! Pero la más hermosa de todas las dudas, La de los exánimes, la de los desesperados Que levantan cabeza Y dejan de creer En la fuerza de sus opresores. ¡Ah, cuánta brega pugnaz, hasta sentar el principio! ¡La de sacrificios que costó! Que es así, y no de tal otra manera, ¡Qué difícil resultó llegar a verlo! Con un suspiro de alivio lo escribió un humano un ...

Los escritores tienen poca calle

Leo en las noticias que va a mudar a Mar del Plata el monumento a Colón que está detrás de la Casa Rosada. E su lugar van a poner otro dedicado a Juana Azurduy, financiado por el gobierno de Evo Morales. Las mudanzas de monumentos no son cosa nueva en la historia argentina. Este año se cumple un siglo del vacío evidente que quedó en los dos pedestales que flanquean la escalinata del Congreso Nacional, luego de que en el  invierno de 1913 se quitaran las cinco alegorías creadas por Lola Mora (la Libertad, El Progreso, La Paz, La Justicia y Los Leones), objetadas por su aire sensual. Una pena que en cien años a nadie se le ocurriera regresarlas al sitio para el que fueron concebidas. Pero en este país la política siempre metió la mano en el mármol o el bronce. Si hasta algunos restos mortales ilustres han sido  llevados y traídos en rachas intermitentes de fervor ideológico o desvaríos mesiánicos (¿recuerdan el fastuoso proyecto del Altar de la Patria del brujo José López ...