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La diferencia

“Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Sinceramente tuyo. Joan Manuel Serrat. Algunas personas tenemos una cierta fascinación por canciones que se podrían catalogar como “canciones de ardidos”: canciones en las que se enaltece el sufrimiento que produce el desamor de una mujer. Creo que hay de dos sopas: o estás enamorado de una mujer que no tiene ni la más remota intención de estar contigo, o, la novia o esposa o amante que tuviste, te abandonó. No importa por qué o por quién, simplemente te dejó. No sé que tienen éstas canciones, porque no necesitas encontrarte en una de estas sufridoras situaciones para que te den ganas de entonar, a veces a todo pulmón, la letra de la canción en cuestión. Quién, por más felizmente casado que se pueda encontrar, puede resistirse a entonar, incluso cerrando los ojos: “me cansé de decirle, que yo sin ella, de pena muero…”, o: “hoy quiero saborear mi dolor, no pido compasión ni piedad, la historia de este amor se escribió, para la ete...

La diferencia

“Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Sinceramente tuyo. Joan Manuel Serrat. Algunas personas tenemos una cierta fascinación por canciones que se podrían catalogar como “canciones de ardidos”: canciones en las que se enaltece el sufrimiento que produce el desamor de una mujer. Creo que hay de dos sopas: o estás enamorado de una mujer que no tiene ni la más remota intención de estar contigo, o, la novia o esposa o amante que tuviste, te abandonó. No importa por qué o por quién, simplemente te dejó. No sé que tienen éstas canciones, porque no necesitas encontrarte en una de estas sufridoras situaciones para que te den ganas de entonar, a veces a todo pulmón, la letra de la canción en cuestión. Quién, por más felizmente casado que se pueda encontrar, puede resistirse a entonar, incluso cerrando los ojos: “me cansé de decirle, que yo sin ella, de pena muero…”, o: “hoy quiero saborear mi dolor, no pido compasión ni piedad, la historia de este amor se escribió, para la ete...

Un relato de Gavrí Akhenazi

La señora Nmunguê Había leído acerca de la señora Nmunguê en los escritos del Comandante e inmediatamente había sentido una necesidad alterada por conocerla en persona y no a través de aquellas percepciones con las que en la letra se moldeaba el retrato. Todas las tardes pensaba en “la mujer de caderas robustas como mesas con pan”, que albergaba en su casa a niños soldado rescatados, porque así ella había perdido a sus hijos propios: como niños soldado muertos. Ahora, todos los niños soldado que manos diversas quitaban al infierno, eran sus hijos “y esta ancha matriarca poderosa que sonríe como ese hada madrina que precisa todo cuento triste, está aquí para devolver vida a tanto corazón de pájaro aturdido”. A Paloma las descripciones del Comandante sobre el entorno en que se movían le parecían un mapa.  Ella, entonces, las usaba como brújula para no perderse y saber qué decir a cada uno como si fueran una guía práctica de ese alrededor caluroso y ceñi...

Leopoldo Marechal: una invitación al pensar

El primer apólogo chino Cuando Leopoldo Marechal concibió este cuento, probablemente apuntaba a combatir las formas  más vulgares y cotidianas de argumentación. Por ejemplo, que un argumento es bueno por la falacia de “la mayoría lo cree así”; o “por principio de autoridad”  o apelando a la descalificación “por el origen del argumento”.  Un texto breve del gran escritor que pertenece a su libro "Cuaderno de navegación" del año 1966. El maestro Chuang tenía un discípulo llamado Tseyü, el cual, sin abandonar sus estudios filosóficos, trabajaba como tenedor de libros en una manufactura de porcelanas. Una vez Tseyü le dijo a Chuang: -Maestro, has de saber que mi patrón acaba de reprocharme, no sin acritud, las horas que pierdo, según él, en abstracciones filosóficas. Y me ha dicho una sentencia que ha turbado mi entendimiento. -¿Qué sentencia? -le preguntó Chuang. -Que "primero es vivir y luego filosofar" -contestó Tseyü con aire devoto-. ¿Qué te parece, maestro? Sin de...

Leopoldo Marechal: una invitación al pensar

El primer apólogo chino Cuando Leopoldo Marechal concibió este cuento, probablemente apuntaba a combatir las formas  más vulgares y cotidianas de argumentación. Por ejemplo, que un argumento es bueno por la falacia de “la mayoría lo cree así”; o “por principio de autoridad”  o apelando a la descalificación “por el origen del argumento”.  Un texto breve del gran escritor que pertenece a su libro "Cuaderno de navegación" del año 1966. El maestro Chuang tenía un discípulo llamado Tseyü, el cual, sin abandonar sus estudios filosóficos, trabajaba como tenedor de libros en una manufactura de porcelanas. Una vez Tseyü le dijo a Chuang: -Maestro, has de saber que mi patrón acaba de reprocharme, no sin acritud, las horas que pierdo, según él, en abstracciones filosóficas. Y me ha dicho una sentencia que ha turbado mi entendimiento. -¿Qué sentencia? -le preguntó Chuang. -Que "primero es vivir y luego filosofar" -contestó Tseyü con aire devoto-. ¿Qué te parec...

El elogio de la duda.-Bertolt Brecht

    ¡Alabada sea la duda! Os lo aconsejo: Saludadme con afable respeto A quien pondere vuestra palabra como a falsa moneda. Que yo os querría avisados, y que no dierais Vuestra palabra por descontada. Leed la historia, y ved Los invulnerables ejércitos en descompuesta fuga. Por doquiera Se desploman indestructibles fortalezas, y De aquella Armada Invencible que partió Con un sinnúmero de naves, Contadas regresaron. Hete aquí que un día coronó un hombre Una cima inaccesible Y un barco alcanzó el confín Del mar infinito. ¡Hermoso gesto, sacudir la cabeza Ante la indiscutible verdad! ¡Qué valiente, el médico Que cura al enfermo desahuciado! Pero la más hermosa de todas las dudas, La de los exánimes, la de los desesperados Que levantan cabeza Y dejan de creer En la fuerza de sus opresores. ¡Ah, cuánta brega pugnaz, hasta sentar el principio! ¡La de sacrificios que costó! Que es así, y no de tal otra manera, ¡Qué difíc...

Elogio de la duda.-Bertolt Brecht

¡Alabada sea la duda! Os lo aconsejo: Saludadme con afable respeto A quien pondere vuestra palabra como a falsa moneda. Que yo os querría avisados, y que no dierais Vuestra palabra por descontada. Leed la historia, y ved Los invulnerables ejércitos en descompuesta fuga. Por doquiera Se desploman indestructibles fortalezas, y De aquella Armada Invencible que partió Con un sinnúmero de naves, Contadas regresaron. Hete aquí que un día coronó un hombre Una cima inaccesible Y un barco alcanzó el confín Del mar infinito. ¡Hermoso gesto, sacudir la cabeza Ante la indiscutible verdad! ¡Qué valiente, el médico Que cura al enfermo desahuciado! Pero la más hermosa de todas las dudas, La de los exánimes, la de los desesperados Que levantan cabeza Y dejan de creer En la fuerza de sus opresores. ¡Ah, cuánta brega pugnaz, hasta sentar el principio! ¡La de sacrificios que costó! Que es así, y no de tal otra manera, ¡Qué difícil resultó llegar a verlo! Con un suspiro de alivio lo escribió un humano un ...